Por Róger Rumrrill*
27 de febrero, 2011.- La carta dirigida el 7 de este mes por el líder indígena Alberto Pizango Chota al candidato presidencial del nacionalismo Ollanta Humala acusándolo de frustrar “una alianza política” con AIDESEP y el partido “Alianza para la Alternativa de la Humanidad” (APHU) revela de qué modo y cuán profundamente ha cambiado la situación política indígena amazónica en menos de dos años.
Bagua fue, pese a su trágico desenlace, un auténtico parteaguas e inflexión en la política peruana de las últimas décadas. Fue, lo hemos señalado reiteradas veces en esta misma columna, el más poderoso movimiento de oposición que ha tenido Alan García durante su mandato y que no sólo lo puso entre las cuerdas provocando la caída del gabinete Simon, sino que también, por primera vez, los pueblos indígenas se visibilizaron y se convirtieron en actores sociales hasta el punto de poner una agenda indígena y amazónica a la orden del día.
No sólo eso, convocaron la solidaridad nacional e internacional, provocaron debates y autocríticas al interior de los partidos de izquierda y pusieron al desnudo la fractura que hace del Perú un país escindido, fraccionado y en perpetua colisión: una nación multilingue y multicultural y un estado monocultural de origen colonial.
Menos de dos años después del 5 de junio del 2009, no sólo la agenda indígena ha desaparecido del debate electoral, sino también las organizaciones indígenas y sus líderes son ninguneados y marginados.
Sin duda una de las explicaciones de esta “jibarización” del movimiento indígena es la guerra sin cuartel que desató contra ellos Alan García, acosándolos judicialmente, creando organizaciones paralelas para dividirlos, lanzando a las empresas multinacionales contra sus territorios y secuestrando la Ley de Consulta. Son sólo algunas medidas de la estrategia de demolición.
La ofensiva gubernamental nunca tuvo una adecuada respuesta por parte de los pueblos indígenas. Sobre todo desde una estructura organizacional monolítica y a partir de un plan estratégico y táctico de construcción de poder. En vez de eso, las contradicciones y diferencias étnicas se agudizaron y algunos dirigentes sucumbieron a los cantos de sirena del régimen aprista y sus operadores.
Alberto Pizango Chota ubicado en la cresta de la ola política pensó que estaba listo para ser el Evo Morales del Perú. Pero se olvidó de la lección más importante del líder aymara: tejer la unidad de los pueblos indígenas andino-amazónicos y desde esa unidad iniciar la construcción del poder.
Ojalá haya aprendido la lección y desde ahora, junto a los demás líderes de AIDESEP y APHU, se dedique a la construcción de la unidad y el poder andino-amazónico en una alianza con el resto del movimiento social peruano, como la única posibilidad de hacer realidad todas las demandas indígenas y entre ellas las dos más importantes: una nueva Constitución y la creación de un Estado plurinacional.
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* Publicado en el diario La Primera el 15 de febrero de 2011: http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/las-elecciones-y-la-jibarizacion-del-movimiento-indigena-amazonico_79987.html
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